Posteado por: dollyhaze | marzo 16, 2008

Recuérdame con una rosa…*

Recuérdame con una rosa
(By Dolly Haze)

Alejandro Erimia llegó a su despacho aquella tarde lluviosa después de una de las interminables reuniones de Facultad a las que asistía desde hacía casi un año con el cargo de Decano. Desde que entró como profesor en aquella universidad había deseado el puesto pero para conseguirlo tuvo que renunciar a aquello que más quería en este mundo. Cada acto al que asistía se le presentaba como una espina más en aquella rosa marchita en la que había convertido su existencia al deshacerse, por su ambición, del amor de su vida: Marina Vidal. La conoció hacía un año y algún que otro mes en una de las aulas de su facultad cuando ella interrumpió su clase. Pocas personas asistían a la lección de Literatura Hispanoamericana, en parte porque una de sus normas era que los alumnos debían entrar antes que él en la clase, de no ser así no entrarían. Esa fue la primera de tantas reglas que saltó por culpa de Marina Vidal. “Sé que no permite la entrada en su clase después de la hora pero si pudiera hacer una excepción… “ se escuchó la dulce voz de la alumna que, mientras pronunciaba las palabras que desencadenaron una historia de amor imposible, jugaba con un mechón de su cabello negro. Él no pudo resistirse a la magia de los dos ojos verdes que tantas veces a partir de entonces le llevarían a la perdición, dejó que la muchacha entrara en su clase y permitió también que ocupara un sitio en su corazón. Al final de aquella primera clase ella se acercó a disculparse por el retraso. El aula se había quedado vacía y tras las disculpas los que se convirtieron en amantes hablaron del más y del menos, de lo que él enseñaba y ella aprendía, de los sueños de una y las aspiraciones del otro. Dejó sus ojos clavados en los rojos labios de Marina Vidal y un baile de fantasías imposibles en las que ambos aparecían dio comienzo en la mente del profesor. Imposibles eran entonces, eran aquella mañana que empezó con una clase interrumpida, ya que poco a poco se hicieron más improbables que imposibles, después fueron probables, y llegó un día en el que Alejandro Erimia mandó la probabilidad al carajo y el loco amor que sentía por su alumna salió a la luz entre las sombras.

Las gotas de lluvia golpeaban furiosas las ventanas del despacho del profesor Erimia. La luz de la sala había echado a correr asustada por la tormenta pero un rayo, cómplice de la fatalidad, iluminó el cuarto unos segundos. Esto no significaría más que un susto para Alejandro Erimia si no fuera porque lo que aquel rayo iluminó hizo que el miedo se alojara en su cuerpo. Encima de su escritorio, pleno de un desorden ordenado descansaba una rosa con pétalos de un rojo tan intenso que incluso un toque terrorífico se percibía. Pero aquella damisela espinada había llegado acompañada; actuaba como su amante un sobre, cuya impecable blancura estaba interrumpida por cuatro palabras: “Recuérdame con una rosa”. Reconoció la caligrafía, aquella era la letra de Marina Vidal; sólo ella le habría dejado tal desconcertante regalo. Sin pensarlo dos veces fue a coger la carta, atemorizado por lo que la joven podría haberle escrito. Al agarrarla rozó una de las espinas recibiendo un pinchazo y dejando caer, como respuesta, una gota de sangre cerca de las palabras que adornaban el sobre. Lo que descubrió entonces se le reveló como una broma macabra. El rojo de aquella gota era exactamente del mismo tono que el del mensaje que Marina Vidal había redactado. Otro rayo iluminó la escena e hizo reaccionar a Alejandro Erimia, el temor alquiló entonces una habitación en su alma al revelar en voz alta su pensamiento: “Está escrito con sangre…”. Se puso la gabardina y guardó la carta en el bolsillo interior de ésta; cogió la rosa sin importar el daño que las espinas pudieran hacerle y salió corriendo hacia casa de Marina Vidal.

La rosa había sido el símbolo de su amor por Marina Vidal desde el día en que le confesó sus sentimientos. Un día, antes de que la clase comenzara, Alejandro Erimia dejó en el pupitre donde su joven dama siempre se sentaba una rosa y una carta en la que le declaraba su loco amor. Cuando entraron los alumnos, todos posaron sus ojos en Marina Vidal que segura y altanera dijo: “Que me mire aquel que haya enviado este regalo, los demás perdisteis la oportunidad”.-Lo han escuchado, señores, otra vez será-contestó Alejandro Erimia con tono bromista adentrándose en el verde terreno que suponía la mirada de su alumna-. Empecemos la clase.

-Siento que un idiota haya retrasado el comienzo de su charla, profesor-
respondió Marina Vidal.

Aun con semblante serio, la joven no pudo parar el rubor que disimuladamente se posó en sus mejillas. Cuando al finalizar la lección salió la última del aula, como siempre, Alejandro Erimia se dio cuenta de que aunque la carta había desaparecido, la rosa quedaba en la mesa con una pequeña nota a su lado. “Lo dejo como recuerdo para quien dice que me ama.” Comentó Marina Vidal dejando, conscientemente, que la engañosa inocencia se apoderara de su voz por un momento. Con un disimulo innecesario, pues nadie podía ver lo que hacía, el profesor Erimia se acercó a recoger el presente. Desdobló la nota con impaciencia, sintiendo que abría una puerta a la locura.

” Señor,

Por más que busco no encuentro palabras para expresar lo que quisiera decirle. Simplemente hacerle una afirmación que nunca antes en mi vida había hecho: Lo amo. Es imposible describir la sensación que me producen sus acciones… El sentir que su mirada se cruza con la mía; el saber que adora, como yo, nuestras conversaciones; o el detalle de la rosa, que mientras escribo esta nota vigila mis palabras para que no caiga en la típica declaración amorosa de quinceañera inocente… Todo ello me lleva a la locura, a imaginar un futuro, una vida a su lado…

Y sin embargo, la realidad asoma de vez en cuando para recordarme que el amor hace daño; que, queramos o no, hay miles de diferencias entre usted y yo; que no seremos felices por mucho que deseemos que eso ocurra…

Ahora la locura vuelve a mí y me empuja sin disimulo; ella habla por mí, y yo respeto sus palabras: Alejandro Erimia, le amaré hasta el día de mi muerte.

Lo ha conseguido, ya me tiene rendida a sus pies… Le pido encarecidamente que la emoción que le ha llevado a empezar esto no se acobarde, ni corra a perderse en un lugar donde mis sentimientos no puedan encontrarla.

Sabe en qué domicilio reside mi persona, pues mi alma y mi corazón me abandonaron para irse con usted. Venga esta tarde a las seis y seré suya sin más condición que una: Jure por el dios que prefiera que no dejará de amarme.

Suya por siempre,

Marina Vidal.

Alejandro Erimia no tardó ni quince minutos en llegar a su destino. Había salido corriendo de su despacho, ni siquiera se había entretenido a coger el paraguas por lo que estaba empapado. No recordaba cuántas veces había estado frente a la puerta de la casa de Marina Vidal esperando a que ésta le abriera, sólo sabía que algo era distinto aquella vez. Nunca había visto al cielo tan deprimido, sin dejar de llorar ni un segundo… Todo apuntaba a que algo malo ocurría, y al parecer todos los elementos que le rodeaban se habían aliado para no contárselo antes de que lo hiciera la autora de la desconcertante carta que el profesor llevaba en su gabardina. Tres golpes secos anunciaron su llegada, siempre se anunciaba así… Desde el primer día, desde aquella tarde soleada que hacía un año le había acompañado en su misión de amor eterno y fallido. Mientras esperaba a que la puerta se abriera, su mente decidió pasear entre recuerdos y rememorar la primera visita a aquella casa. No hubo ningún saludo, Marina Vidal no quería mostrar sus sentimientos antes de saber la correspondencia, pidió formalmente el juramento y dejó hablar a su profesor. “Lo traigo por escrito” fueron las primeras palabras que Alejandro Erimia pronunció en aquel lugar. Sonaron como la clave correcta para pasar al interior del mundo de su alumna, ya no había vuelta atrás; la puerta se cerró y los amantes quedaron uno enfrente del otro. Fue ella, curiosa y decidida, quien dio el primer paso. Un beso tímido en la comisura de los labios los presentó; a partir de entonces quedaron descubiertos el uno al otro. Persuadido por la calidez que emanaban los gestos de ella, Alejandro Erimia no pudo hacer más que dejarse llevar. Devorado sin piedad por la que creía una joven inocente, apenas pasados unos minutos se encontraba desnudo, de cuerpo y alma, ante Marina Vidal. Sin aceptar resistencia, ella se adueñó de la situación usando sus manos de pianista experimentada para recorrer el cuerpo de su señor como si de un teclado se tratara. Sabía donde pulsar para obtener los suspiros de placer que como notas de una melodía sonaban, rompiendo el silencio en la habitación. Fue ella también quien decidió en un momento dado fundir su cuerpo con el de Alejandro Erimia. Lo sintió en su interior y comenzaron a coro una nueva canción que iba acelerando su ritmo poco a poco. Antes del calderón final Marina Vidal dictó sentencia “No consentiré que dejes de amarme”.

“Nunca dejé de amarte” susurró Alejandro Erimia al llegar al final del camino de recuerdos que había emprendido para hacer más amena la espera. Pero una espera no es amena, sino desoladora, y antes de llegar a la locura el profesor decidió entrar en la casa. Introdujo la llave en la cerradura y se sintió atravesando su corazón, pues le parecía que estaba hurgando en la herida que él mismo causó. Fue unas semanas después de comenzar su relación con Marina Vidal. Durante todos estos meses se rumoreaba que el Decano de la facultad estaba buscando un sustituto ahora que llegaba el momento de su retirada; el nombre de Alejandro Erimia encabezaba la lista, era su oportunidad de llegar a la meta que se había propuesto cuando entró a trabajar en la universidad. Obviamente la relación de un profesor con una alumna no estaba bien vista, y supondría su eliminación como candidato a ocupar el puesto. Como siempre hizo, Marina Vidal organizó su relación convenciendo a su amante de que nunca nadie se enteraría de su historia y asegurándole, además, que conseguiría el cargo de Decano.

Toda la seguridad que ella tenía era la que a él le faltaba. Y ésta fue una de las causas de que la rosa empezara a deshojarse. Una vez conseguido el puesto Marina Vidal planificó su relación de tal manera que a nadie se le ocurriría pensar que entre profesor y alumna podía haber algo más que una relación académica. Sin embargo, debieron fallar en algo pues un día el Vicedecano de la Facultad, en una de las charlas que mantenía con Alejandro Erimia, no hizo caso de éste al sacar el tema de la semana cultural que se estaba preparando en la Facultad, sino que comenzó a hablar de los alumnos, alumnas, profesores… No hizo falta más que una conversación para que el Decano se diera cuenta de las sospechas de su compañero. Si era poca la seguridad que tenía en sí mismo, después de aquello ésta quedó a la altura del betún. Se vio recogiendo los títulos con su nombre que colgaban de las paredes de su despacho; cerrando por fuera la puerta de lo que durante un corto periodo de tiempo había sido su oficina, para no volver más; despedido por haberse enamorado de una alumna; todo su trabajo, todo su esfuerzo… Dirigir el Decanato era su máxima ambición, era su vida… No podía perder aquello… La imagen de Marina Vidal se coló en sus visiones. Le destrozaría el corazón al incumplir el juramento que hacía semanas le había hecho… ¡Él mismo sufriría más que nadie por ello! Pero el corazón, aunque dañado, seguiría allí, permitiendo que su vida continuara haciendo posible mantenerse en su ansiado puesto. No consintió que su mano temblara a la hora de escribirle la última nota de amor a Marina Vidal; no dejó a ninguna lágrima asomarse para leer las palabras que servirían de arma para cortar el tallo de una pobre rosa enamorada. Envió la carta a casa de su amada acompañada por un ramo con catorce rosas rojas, una por cada semana que habían estado juntos. La respuesta de ella no se hizo esperar. A la mañana siguiente, cuando Alejandro Erimia entró en su despacho la encontró sentada en la silla de su escritorio.-Lo juraste por escrito…

-Marina, yo… Te pedí que sólo me vieras en las clases… –dijo el profesor intentando aparentar seguridad.

-¡Lo juraste por escrito! –
respondió ella elevando el volumen de su voz para que quedara constancia de su enfado-. Te arriesgaste, Alejandro, ¡no puedes terminar con esto así, sin razón alguna!

-Te he dado una razón… -intentó explicarse él.

-¿Pretendes que me crea que vas a dejarme porque lo nuestro perjudica a tu profesión? ¡Es absurdo! Dime que lo haces porque te has dado cuenta de que sólo querías montártelo con una alumna por diversión; dime que fingiste que me amabas; que el juramento lo escribiste con lápiz para poder borrarlo cuando te cansaras de tu aventura de atractivo cuarentón. ¡¡Pero no me digas que eres tan miserable que prefieres un puesto de trabajo a tener a la mujer que amas!!

Si su verdad no le convencía, a Alejandro Erimia no se le ocurrió otra cosa que alcanzar el punto más bajo que podía, viajó donde los sentimientos se convertían en ceniza; dejó que su alma descendiera al mismísimo infierno y llamó a la crueldad para que le ayudara en su dilema. “Escribí el juramento en papel por si algún día tenía que romperlo…” dijo sin titubear, mirando a los ojos a la pobre rosa que acababa de arrancar de aquel jardín. “No serás tú quien lo haga” contestó Marina Vidal después de sacar el papel que una vez le entregó aquel que ahora decía no amarla. Decidida agarró la nota y la rompió en dos, lentamente, casi regodeándose en su gesto. Dejó las dos mitades en el escritorio y salió con paso firme del despacho. Aquella fue la última vez que Alejandro Erimia escuchó la dulce voz de su alumna, miró a sus ojos verdes o respiró su perfume. Ella no fue a clase ese día, ni los días siguientes… Sus compañeras decían que estaba enferma, que no había solución para su mal. Él no intentó interesarse, supuso que Marina Vidal se había trasladado a otra universidad o tal vez a otra ciudad.

No había sabido nada nuevo de ella hasta hacía una hora, cuando las nubes decidieron que no querían llorar solas e hicieron que el pasado corriera hasta el presente para convertir a Alejandro Erimia en su compañero de penas. Entró en la casa y fue directo al dormitorio. Pensó encontrarse una escena horripilante, pero no había en aquel cuarto nada más que la poesía más romántica que alguien pudiera imaginar. Yacía en la cama el cuerpo de una muchacha preciosa. La palidez de su piel se acentuaba por la luz de la luna que la vigilaba asomándose por la ventana, y contrastaba, a su vez, con el rojo natural de aquellos labios que engañaron a la muerte para no cambiar su color. En la mano que descansaba sobre su pecho portaba una rosa sin espinas; su otro brazo estaba extendido hacia el borde de la cama con la mano abierta con un pinchazo en el dedo índice (seguramente fue de ahí de donde sacó la sangre para escribir el mensaje de la carta); justo debajo de ésta un frasco pequeño y sin ninguna sustancia en su interior se había posado en el suelo. La joven no había muerto desangrada como había pensado en un principio, pues la herida del índice era casi inapreciable; Marina Vidal había muerto envenenada. El que una vez fuera amante de aquella bella durmiente recuperó la carta del bolsillo interior de su gabardina, y después de sentarse en la cama, comenzó a leer en voz alta las palabras de la joven.

“Señor,

Te llevaste mi persona.

Mi corazón no conoció nunca un lugar tan bello como el jardín que decoraste de sueños e ilusión, plantando mi alma junto a la tuya en un rosal que creímos sin espinas. Pero éstas aparecieron, y aparecieron en ti, pues fueran verdaderas o falsas tus palabras me dejaste libre y en tu conciencia debió quedar la culpa.

Desde que abrí la puerta de aquella aula no he conseguido concebir la vida sin ti. Cuando leas estas palabras (en caso de que lo hagas) ya no quedará vida en mí, o estará desapareciendo.

Una frase anunciando mi perdón sería lo mejor que podría escribirte ahora, pero no lo haré, porque redacto esta carta con rencor y no te perdono.

Que cada espina de la rosa que te dejo como recuerdo te haga una herida en el corazón como me ocurrió a mí con aquellas catorce rosas que anunciaban el final de nuestra historia.

Y sin embargo, tuya por siempre firma

Marina Vidal.

Alejandro Erimia esperaba una carta llena de reproches e improperios, mas no fue eso lo que encontró. La inteligencia de Marina Vidal no tenía límites, y su picardía iba más allá. Él había sido cruel con ella, y ella le había respondido con la misma moneda, incluso peor. “No te perdono”… Esa fue la primera espina, directa, sin miramientos, y con una educación desconcertante. Sintió el pinchazo, sintió la culpa, se sintió miserable… Y deseó morir. Pero no estaba seguro ni de que quitarse la vida fuera la mejor opción porque veía probable que cuando se hallara en el purgatorio, esperando un veredicto, sus propios pies lo condujeran hacia el infierno. Le asombró el carácter de su amada (sí, su amada, pues nunca había dejado de quererla) en su redacción; no le perdonaba, pero había firmado con su “tuya por siempre”. Quería dañarle de por vida, y supo como hacerlo. Porque aquellas palabras significaban que nunca conseguiría olvidarla; que su persona estaría rondándole continuamente; que, a pesar de todo, no había sido ella quien rompió el juramento que una tarde se hizo en aquella casa; y que su alma le recordaría una y otra vez que fue él quien hizo que en un punto de la historia llegara el mal tiempo y éste matara a la flor más hermosa de su jardín.

* * *

Alejandro Erimia se encontraba a una distancia prudente del grupo de gente que velaba por Marina Vidal en el cementerio de la ciudad. El cielo cedió el llanto de la tarde anterior a la familia y amigos de la difunta que, bajo el sol que había salido para despedirla, no dejaban de llorar su pérdida. Ella había sido hija, nieta, amiga, hermana… Pero para él había sido mucho más… Estaba equivocado cuando pensaba que el centro de su vida era su trabajo; los gritos de dolor que proferían sus entrañas desde que se había encontrado el cadáver , o las lágrimas que no se cansaban de recorrer su rostro le recordaban cada segundo su error. Marina Vidal, y nada más, era su vida.

Cuando el gentío se hubo dispersado, Alejandro Erimia se acercó a la tumba en la que descansaría a partir de entonces su amada. Con la mirada inundada por lágrimas que pedían caer, depositó una flor sobre el nombre grabado en el sepulcro de mármol, concediendo el deseo que Marina Vidal había redactado en su última carta: “Recuérdame con una rosa“.

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Responses

  1. Es el relato ganador sin duda. Lo de que me has matado no es por decirlo sin más, es porque tiene demasiados sentimientos y la historia al final te llega. Ya veo un libro Itxas, nos lo debes a todas las que estamos embobadas con estas historias. Asique ya sabes, manos a la obra.

  2. hola!
    Mira que yo soy de esos que leen poco y partidista de que “si sale la peli pa k leerse el libro?” esta vez me lo lei enterito e incluso lo utilice y ha tenido exito.
    Esta muy bien y si no te llegan a dar el premio se monta la gorda.
    que sepas que eres una gran “letrista” y que tambien me rei mucho con el guion de SLQH.
    Saludos cordiales desde Barcelona.

  3. Sinceramente me han encantado esta bonita pero triste historia de amor. Bonita porque has sabido expresar con palabras, al igual que Petrarca, la esencia del amor y triste porque no me esperaba el final con el que nos das fin a tu historia.

    Yo esperaba que el renunciara por amor, pero no es así. Pero lo peor de este trágico final es el viaje del alma de Marina, algo que ni por nada del mundo me lo hubiera imaginado.

    Lo mejor de todo son las cartas, tanto en la forma de escribirlas como en su contenido. Unas cartas que tras unas reelaboraciones podrían llegar a la misma calidad de contenido que las poesías del gran Petrarca.

    Obviamente, este relato se ha merecido ganar!!!!

  4. Dios de mi vida y de mi corazón, si alguien escribiera la mitad de bien que tú, sería más famoso que los escritores más prestigiosos de nuestro siglo.
    No puedo expresar con palabras lo que este relato ha conseguido hacerme sentir porque creo que mis lágrimas han echo que toda la tristeza se desvaneciera ante algo tan hermoso.
    Siento decirte que despues de leer esto, creo que tus fictions de House no valen para nada (sin rencor), porque ninguno se asemeja en nada a la maestría y dedicación que este relato intenta hacernos ver.

    Es lo más bonito que he leido nunca. Si yo hubiera sido del jurado que elegía lo de los relatos, si el tuyo hubiera sido el primero, no hubiera leido más.

    Un besO…*
    My Cutthrot Bitch*
    Lesbian Friendly Love*

  5. Hola!!
    *-*-*
    Bueno, por fin lo has publicado!!
    Primero voy a ponerme pastelosa…
    Santo Karma!! eres increible! me encanta! me encanta! me encanta! me encanta!! ya te lo había dicho pero.. me encanta!! ^^
    Es tan romántico y triste… ^^ (L) Es uno de los grandes relatos! lo es.. lo es 😉 (L)
    Y tenía que ser el ganador porque si, porque sino el jurado no tendría de zorra idea de literatura..
    Tienes un talento que no puedes desperdiciarlo, (más te vale que no lo hagas) sigue escribiendo forever!
    *-*-*
    Y ahora me pongo profesional XD te comento las partes en las que he muerto:

    “Él no pudo resistirse a la magia de los dos ojos verdes que tantas veces a partir de entonces le llevarían a la perdición”

    “Que me mire aquel que haya enviado este regalo, los demás perdisteis la oportunidad”.
    (Que por cierto, eso le quedó muy Fermina Daza XD)

    “No había sabido nada nuevo de ella hasta hacía una hora, cuando las nubes decidieron que no querían llorar solas e hicieron que el pasado corriera hasta el presente para convertir a Alejandro Erimia en su compañero de penas.”
    (Eso es.. poesía!! 😥 (L) )

    “Y sin embargo, tuya por siempre firma”
    (Y sin embargo… que gran frse esa; la frase de las mejores relaciones amorosas (L) )

    “Pensó encontrarse una escena horripilante, pero no había en aquel cuarto nada más que la poesía más romántica que alguien pudiera imaginar”
    (Otra poesía y nunca mejor dicho! si esque me estoy imaginando la escena… que te he dicho que a mi no me cuesta llorar!!! )

    “Lo sintió en su interior y comenzaron a coro una nueva canción que iba acelerando su ritmo poco a poco”
    (¿Cómo puedes decribir tan bien esa parte? es terriblemente original y precioso!! me hes matado!! )

    “Recuérdame con una rosa”
    (No es un anuncio del psoe, no tiene ni zorra idea, lo siento!.. es un tñitulo precioso)
    *-*-*
    Tendría que citar todo el relato sin excepciones pero voy a dejarlo ahi.
    Sigue escribiendo relatos, o historia, o poesía! o lo que quieras.
    Mucha gente escribe bien, pero poca hace emocionar al lector, tú lo consigues, aprovechalo!!
    No más palabras, es.. perfecto.
    *-*-*
    Besos, cuidate!!!
    Dirty Mistress!


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